EL Santo Jubileo de las Cuarenta Horas en desagravio a Jesús Sacramentado

He aquí el Cordero de Dios que borra los pecados del mundo” (Jn., I, 29)

Los días del 27 al 30 de Octubre de este año 2016, en algunos templos de México se tiene la santa costumbre de celebrar el santo Jubileo con el ejercicio de las CUARENTA HORAS con Jesús Sacramentado, con motivo de pedirle perdón y desagravio por nuestros pecados y los escándalos y Apostasía imperantes.

Con este nombre de Cuarenta Horas se significan cuarenta horas de súplicas más insistentes y de glorificación más solemne, pasadas al pie del Santísimo Sacramento.

Recuerdan los cuarenta días que pasó Nuestro Salvador en el desierto antes de empezar su vida pública; las cuarenta horas que pasó dentro del sepulcro, y los cuarenta días que permaneció en la tierra después de su triunfo sobre la muerte en el misterio de su Resurrección.

Este Santo ejercicio de las Cuarenta horas es una de las formas de la devoción a la Eucaristía más recomendadas por la Iglesia.

LA INSTITUCIÓN DE LAS CUARENTA HORAS

Ante la angustia y el dolor causadas por las encarnizadas guerras, las epidemias y otros males en el siglo XVI. Nació en la Iglesia una espontanea necesidad de recurrir a Jesús Sacramentado, exponiéndolo a la adoración pública y llamando a los fieles para reparar las grandes ofensas que recibía de la herejía protestante de Lutero, y para invocar su misericordia en tantas y tan graves desventuras.

La idea de la exposición de Jesús Sacramentado se debió a San Antonio María Zacarías. Dándole la forma y el nombre a esta exposición de las “CUARENTA HORAS”.

Prácticamente esta institución y devoción de las Cuarenta horas ante el Santísimo Expuesto, día y noche, como oración continua de petición, expiación y desagravio de una manera independiente del tiempo litúrgico, surgió en la diócesis de Milán Italia a principios del S.XVI.

Siendo sus impulsores: Aparte del ya mencionado San Antonio María Zacarías. Fueron también, el agustino Antonio Bellosi, el dominico español Tomás Nieto, el capuchino José de Ferno.

El Papa Paulo III aprueba con entusiasmo en un Breve de 1537 las Cuarenta Horas en Milán y concede indulgencias a quienes las practiquen. El Arzobispo de Milán San Carlos Borromeo en 1577 da la primera norma que las regule y evite excesos.

Se extiende por Italia por capuchinos, barnabitas y jesuitas, y pasa a Roma siendo su impulsor principal San Felipe Neri.

En 1592, por la encíclica Graves et diutarnae el Papa Clemente VIII, ante los males y calamidades del momento, establece las Cuarenta Horas rotando por toda Roma y promulga las Instrucciones para la realización de las 40 Horas y condiciones para ganar el Jubileo (indulgencia).

El Papa Urbano VIII, en la encíclica Aeternus rerum Conditor de 1623, impone a todas las iglesias del mundo la celebración de las Cuarenta Horas.

Con el tiempo, la imposibilidad de mantener abiertas muchas de las iglesias durante la noche, se suavizaron las normas con dispensas para la adoración sólo en día y poder obtener el Jubileo.

El Código de Derecho Canónico de la Iglesia de 1917, establecía bajo el Papa Benedicto XV: debe tenerse todos los años, con la mayor solemnidad posible, el ejercicio de las Cuarenta Horas en los días señalados, con el consentimiento del Ordinario local. c. 1275

Es muy importante considerar que para ganar la indulgencia o jubileo, es necesario cumplir con los siguientes requisitos: 1.- Asistir y rezar cuando menos una hora ante el Santísimo expuesto durante las Cuarenta horas; 2.- Confesarse o estar en gracia, y Comulgar durante los días del jubileo; 3.- Tener la intención de ganar la Indulgencia Plenaria, (que borra todas la penas temporales de los pecados); 4.- Tener las intenciones del Papa verdadero y de la Iglesia.

El fin que ha motivado en estos tiempos a la Iglesia a exponer el Santísimo Sacramento durante Cuarenta Horas es el de desagraviar a Dios Nuestro Señor, en su presencia Real en este sacramento, de tanta inmoralidad y hedonismo, de los graves pecados de escándalo producido por las antinaturales uniones homosexuales, aceptadas falsamente como matrimonios,

Para expiar también. Los crímenes inauditos que se cometen sobre los inocentes niños abortados, de la pérdida de la fe y los pecados de apostasía de un sinnúmero de fieles que se han retirado y renegado de la Iglesia católica.

Por último. Los sentimientos de los cuales deben de estar llenos nuestros corazones durante en éstas Cuarenta Horas ante Jesús Sacramentado deben de ser de obras de oración, reparación y glorificación.

 

 

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Mons. Martin Davila Gandara

 

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